[R-P] [Celso Amorim] LOS DESAFÍOS DEL ESCENARIO ESTRATÉGICO …

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Author: Néstor Gorojovsky
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To: Lucha de masas para recuperar la Argentina
CC: Lucha de masas para recuperar la Argentina
Subject: [R-P] [Celso Amorim] LOS DESAFÍOS DEL ESCENARIO ESTRATÉGICO DEL SIGLO XXI PARA AMÉRICA DEL SUR
“Corresponde a los sudamericanos cuidar de la defensa de América del
Sur. La defensa no es delegable”

[Logotipo del ministerio de defensa de Brasil]
LOS DESAFÍOS DEL ESCENARIO ESTRATÉGICO DEL SIGLO XXI PARA AMÉRICA DEL SUR

Conferencia del Ministro de Estado de la Defensa, Celso Amorim, en el
Ministerio de Defensa de Argentina Buenos Aires, 13 de septiembre de
2013

Señor Ministro, mi amigo Agustín Rossi, señores embajadores, señores
oficiales generales, señores oficiales y demás militares,
Tengo que pedir disculpas por imponer a ustedes mi terrible portuñol,
pero que creo que es más fácil comprenderlo que mi no tan malo
portugués. Para mi es un gran honor tener la oportunidad de hablar
aquí en el Ministerio de Defensa a oficiales argentinos y también
brasileños. Empiezo con un comentario que quizá vale la pena resaltar:
el Congreso brasileño finalizó la evaluación de tres documentos
importantes, la Política Nacional de Defensa, de la Estrategia
Nacional de Defensa y del Libro Blanco de Defensa Nacional. A los
interesados, que quieran profundizar algunas de las ideas que voy a
mencionar aquí, señalo este hecho. Todo está disponible en la
internet.

***

Nosotros todos, militares, funcionarios civiles de la defensa y
diplomáticos operan en el sistema internacional. Se trata de un
escenario extremamente complejo, en el que los cambios ocurren de
forma ni siempre comprensible. Y además vivimos un período de
transición del poder global.
¿En qué medida afecta el futuro de países como Argentina y Brasil?
¿Nos estamos moviendo hacia un mundo más o menos favorable para nosotros?
¿Qué debemos hacer para darle forma, en la medida de lo posible, de
acuerdo a nuestros intereses? ¿Cómo puede la Defensa contribuir a eso?
Propongo una evaluación del sistema internacional en torno a la
dinámica entre "tres dicotomías". La primera dicotomía es la dicotomía
entre la unipolaridad y la multipolaridad.
El fin de la Guerra Fría reformó la relación de fuerzas en el cuadro
militar: emergió un centro de poder claramente dominante. La
interpretación dominante era favorable.
Se habló de una "unipolaridad benigna", con una u otra visión crítica,
que hablaba de la“hiperpotencia”.
Bajo la inspiración de la superpotencia, los demás países preferirían
relaciones de cooperación. Los principales conflictos entre los
Estados tendrían desaparecido o tenderían a desaparecer.
Francis Fukuyama habló del "fin de la Historia".
La gran disparidad de recursos económicos, políticos y militares entre
la superpotencia y las otras potencias no era vista como una fuente de
inestabilidad, sino que como una fuente de estabilidad en el sistema
internacional. El 11 de Septiembre cambió la situación: la
superpotencia adoptó un concepto estratégico ofensivo, que parte de
una comprensión ampliada de la autodefensa y avanza en el campo de la
"prevención" a cualquier amenaza. La invasión de Irak sin tener en
cuenta las normas multilaterales de las Naciones Unidas fue una
expresión militar de la unipolaridad, que se revelaría factor de
inestabilidad – y no de estabilidad. En lugar de una "unipolaridad
benigna", tuvimos un "desequilibrio unipolar".
Esto fue seguido por esfuerzos de algunos países que buscaban acentuar
los elementos incipientes de la multipolaridad – la creación de nuevos
polos de poder. La creación de nuevos centros de poder fue vista por
muchos como un hecho positivo.
La multipolaridad era y debería ser una garantía de la integridad de
un sistema internacional basado en el Derecho. A nivel regional, la
percepción de que vivimos en un mundo de bloques ha llevado a algunos
países, Brasil y Argentina, en particular, a fortalecer a América del
Sur como una entidad política y económica. El avance de la integración
de América del Sur, simbolizado por UNASUR, fue un paso importante en
esa dirección. Por otro lado, se pudo evitar que nos impusieran un
proyecto, de naturaleza hegemónica, limitador de nuestro modelo de
desarrollo, el ALCA.
En la Organización Mundial del Comercio, los países emergentes
reunidos en el G-20 Comercial (entre los cuales naturalmente Brasil y
Argentina), con una fuerte participación de los países de América del
Sur, impidieron un acuerdo largamente desfavorable en la Ronda de
Doha. Eso ocurrió en Cancún en 2003.
Los Estados Unidos y la Unión Europea, que controlaban las
negociaciones en aquel entonces, deseaban impedir acuerdos que
abriesen mercados a grandes exportadores de productos agrícolas, como
Brasil y Argentina. En particular, se dejaba intacta la estructura de
los subsidios agrícolas.
Incluso en el ámbito de las grandes decisiones macroeconómicas,
algunos avances fueron posibles. La importancia creciente de países
emergentes como Rusia, China, India, Brasil (BRICS) y de otros en
desarrollo como Argentina, Indonesia y Turquía profundizó la tendencia
a la multipolaridad. El G-20 Financiero sustituyó al antiguo G8 como
principal foro de discusión sobre la economía global. Sin embargo, la
formación de un mundo multipolar sigue leja de consolidarse.
Una segunda dicotomía es la dicotomía entre el multilateraliso y el
unilateralismo.
La multipolaridad y el multilateralismo no deben confundirse: la
primera se refiere a una situación en la que hay varios polos en un
tablero, y el segundo dice respecto a la forma de colaboración entre
los polos en favor de la gobernanza – con un énfasis en el Derecho y
en las instituciones internacionales. La multipolaridad es un concepto
descriptivo, y el multilateralismo es un concepto normativo. La
primera se refiere a los hechos. El segundo, a valores.
Escribiendo en 1993 , al identificar los cambios en el post-Guerra
Fría, John Ruggie (ex Asesor de Kofi Annan ) explicó que “La
característica definitoria del multilateralismo es no sólo que
coordina las políticas nacionales entre grupos de tres o más Estados,
(...), sino que, además, lo hace basado en ciertos principios de
ordenación de las relaciones entre los Estados”. La etimología de la
palabra “unilateral” puede contener una falacia que afecta su
comprensión: la OTAN ahora tiene 28 estados, pero sigue actuando de
forma unilateral, cuando lo hace sin una autorización del Consejo de
Seguridad. Paradójicamente, la unipolaridad cohabitó con un cierto
grado de multilateralismo.
En el Gobierno de George H. W. Bush, hubo una aparente valoración del
Consejo de Seguridad, cuyos trabajos avanzaron. La acción contra Irak
en 1990, ante la flagrante violación de la Carta por la invasión de
Kuwait, obtuvo respaldo multilateral. No obstante, el encanto con el
"fin de la Historia" luego se desvaneció.
Algunos países empezaran a hacer valer sus posiciones con más
independencia, especialmente los miembros permanentes (pero también
algunos no permanentes) del Consejo de Seguridad. El apoyo
multilateral a posiciones de la superpotencia se volvió cada vez menos
evidente.
Como consecuencia de estas diferencias, comenzaron a manifestarse
tentaciones de acción unilateral de la superpotencia. En 1998, los
EE.UU. bombardearon unilateralmente a Irak y a Sudán, en algunos
casos, con el apoyo de Gran-Bretaña. En 1999, la OTAN no esperó que
terminasen las negociaciones sobre Kosovo en el Consejo de Seguridad y
operó una acción unilateral.
La culminación de esta tendencia fue la invasión de Irak en 2003, sin
la autorización del Consejo de Seguridad y teniendo como base la
doctrina de la acción preventiva, que no encuentra apoyo en las
disposiciones de la Carta de la ONU. Siempre que no obtuvieran
autorización multilateral para acciones coercitivas, los EE.UU. y sus
aliados invocaban una presunta "comunidad internacional" para
legitimar sus acciones. Viví de cerca este proceso al final de la
década de los 90.
La propensión al unilateralismo sigue, incluso bajo la fachada del
multilateralismo. Los argumentos morales se invocan cada vez más en el
nombre de un "multilateralismo eficaz". En 2011, la OTAN atacó a Libia
bajo el pretexto de proteger a los civiles, pero en realidad actuó en
favor de un cambio de régimen, que no estaba autorizado – piense lo
que se piense sobre el régimen de Gadafi, fue una acción que extrapoló
el mandato del Consejo de Seguridad. El ataque contra el consulado de
EE.UU. en Benghazi en 2012, con la trágica muerte del embajador
estadunidense, muestra como la acción militar no ha generado ni
seguridad, ni estabilidad. En los últimos debates sobre Siria, la idea
de que un ataque de EE.UU. podría llevarse a cabo sin el
consentimiento del Consejo de Seguridad fue tratado en varios países
con gran naturalidad. Por ejemplo, un número de la prestigiosa revista
The Economist (31/08/2013) traía artículo bajo el titular "Policía
global, le guste o no", en la cual justificaba la rationale de la
acción unilateral. En los últimos veinte años, hemos pasado de una
situación en que se buscaba darle legitimidad multilateral a las
acciones de fuerza conducidas bajo el paraguas de Naciones Unidas a
una situación en que el unilateralismo es exaltado – no solo
practicado, pero exaltado, lo que es más grave. Hay una gran crisis
del multilateralismo, muy grave para nuestros países.
Existe, por consiguiente, un paradojo: al mismo tiempo que se
acentuaron los elementos de la multipolaridad, creció la tentación
unilateral. El mundo, que parecía a finales de 1990 absolutamente
unipolar, comenzó a asistir a un ensayo de acciones autónomas de otros
países, según crecían en términos económicos y políticos. Rusia y
China se han vuelto más asertivos en relación con sus intereses y
visiones del mundo. Otra señal fue la oposición de Francia y Alemania
a la invasión de Irak en 2003. Poco a poco, la idea de la
multipolaridad comenzó a involucrar también a otros países emergentes
como India, Brasil, Argentina y Sudáfrica Estos países están
interesados en promover un orden internacional que sea no sólo
multipolar, sino que también basada en los principios del
multilateralismo. Actúan con miras al fortalecimiento y la reforma de
las organizaciones internacionales.
Para una multipolaridad efectiva, no es suficiente que existan países
con peso significativo: es necesario que estén dispuestos a hacer
valer este peso. Nos interesa un mundo donde el poder esté más difuso,
donde haya más espacio para la negociación y para acciones
genuinamente colectivas. Pero también nos interesa el
multilateralismo, que ordena las interacciones, confiere
previsibilidad y promueve la solución pacífica de las controversias.
La tercera dicotomía es entre cooperación y conflicto.
Si bien el fin de la Guerra Fría eliminó la amenaza de una
confrontación directa entre los dos polos, sería ingenuo suponer que
la cooperación se haya afirmado ante el conflicto. El "fin de la
Historia " no sucedió.
Conflictos "periféricos", pero con gran impacto en todo el mundo –
siguieron sin solución: el
Medio Oriente - Irán, Siria, sur de Líbano, Israel - Palestina -
plantean cuestiones graves. En esos conflictos, es inegable la
existencia de factores étnicos o religiosos. Al mismo tiempo, se oye
mucho sobre las amenazas asimétricas, el terrorismo, los crímenes
transnacionales, el tráfico de drogas, a veces unidos entre ellos.
Todo esto es relevante.
Sin embargo, sería engañoso suponer que ese nuevo tipo de amenaza
substituyó el conflicto entre Estados. Como se desprende de la
situación en Irak y Libia, la cuestión del acceso a los recursos
naturales – a menudo oscurecida – sigue actual. Después del 11 de
Septiembre, hubo una considerable incertidumbre con respecto a las
fuentes de suministro de petróleo. En ese contexto, el conflicto entre
Estados actual o potencial no solo persiste sino que puede acercarse a
nuestros países. Que se observe la secuencia de eventos que involucró
a Libia y a Malí, y potencialmente a los países de África Occidental
y, por lo tanto, al Atlántico Sur. Por supuesto, esperamos que estas
cuestiones se resuelvan diplomáticamente.
Sin embargo, tenemos que estar preparados para hacer frente a una
situación en la que los conflictos han escapado a la regulación
multilateral. Estas realidades plantean desafíos para el sector de la
Defensa.

***

Veamos América del Sur.
En este contexto, nuestro reto hoy es consolidar a América del Sur
como un polo del mundo multipolar, defender el multilateralismo y la
prevalencia de la paz sobre el conflicto. América del Sur, por su
relativa situación de paz entre sus Estados y su fuerte afinidad en
términos de identidad, dispone de condiciones muy favorables para
ejercer ese papel. Debemos ser vigilantes ante conceptos erróneos que
buscan relegar nuestros países a un rol subordinado en el sistema
internacional. Al final de la Guerra Fría, en las Américas, la
potencia dominante intent promover el concepto, de forma más o menos
explícita, de que habría una cierta "división del trabajo" en las
fuerzas de seguridad y defensa en las Américas: a la potencia
principal le tocaría la defensa de capacidad militar y el tratamiento
de los temas de paz y de guerra. A las fuerzas armadas de los países
latinoamericanos y sudamericanos, les quedaría centrarse
principalmente en la lucha contra la delincuencia, especialmente en
los delitos transnacionales y el narcotráfico. El fortalecimiento de
las capacidades de defensa de América del Sur frente a las amenazas
externas no sería necesario y, al peor, sería ilegítimo porque
motivaría una presunta "carrera armamentista" entre nuestros países.
Muchos de nuestros países nunca han aceptado este punto de vista. Pero
este debate sigue vivo, con algún grado de diferencia, en el ámbito de
la JID, de la OEA y de la Conferencia de Ministros de Defensa de las
Américas. Esta concepción reduccionista no corresponde a la realidad
plural de América del Sur
América del Sur tiene un papel que ejercer en el orden mundial,
contribuyendo como una fuerza para la paz y la justicia, además del
pleno cumplimiento de las normas internacionales. Somos no sólo una
región pacífica, somos proveedores de paz.

En nuestra visión estratégica, la UNASUR debe progresivamente ser uno
de los centros políticos del mundo. Nos toca cuidar la plena soberanía
y la integridad territorial de nuestros países.
Pero también es el deseo de UNASUR promover el respecto a las normas
internacionales y el fortalecimiento del multilateralismo, como se
reiteró en la reciente Cumbre presidencial de Paramaribo. La
integración en defensa es una dimensión fundamental a fin de hacer esa
contribución en una realidad. Con la creación del Consejo de Defensa
Suramericano, ha sido posible hacer de América del
Sur una zona donde la guerra es impensable.
Karl Deutsch, el politicólogo norteamericano le dio a este tipo de
organización regional el nombre de "comunidad de seguridad". Ya
tenemos, en la relación entre dos países de América del Sur, un
ejemplo reconocido en todo el mundo de este tipo de comunidad: Brasil
y Argentina. A partir de la década de 1980, creamos mecanismos
innovadores de fomento de la confianza, incluso en la esfera nuclear,
mientras se profundizó la integración económica y comercial. Brasil y
Argentina son uno de los pilares de una "comunidad de paz y seguridad"
que se está formando en América del Sur. Los resultados de la acción
del Consejo de Defensa en los últimos cinco años desde su creación son
palpables. El CDS pudo contribuir para reducir la tensión acerca de
diferencias entre países de nuestra región y para fomentar la paz.
Pocas personas tienen duda de que, hoy en día, los problemas o las
diferencias de percepción entre nuestros países se resolverán sobre la
base de la diplomacia y del diálogo.
Durante la VII Cumbre de la UNASUR, las Jefas y los Jefes de Estado y
de Gobierno abogaron por el desarrollo de una propuesta de
lineamientos estratégicos para la construcción, de forma gradual y
flexible, de una visión común de la defensa regional. La Declaración
Conjunta destaca el rol del CDS para desarrollar un pensamiento
estratégico regional y, en este contexto, subraya la iniciativa de
crear una Escuela Sudamericana de Defensa. La Escuela está concebida –
yo cito la resolución – "como un centro de estudios superiores para la
coordinación y creación de redes entre las iniciativas nacionales de
los países miembros para la formación de civiles y militares en
materia de defensa y seguridad nacional.” El Centro de Estudios
Estratégicos de Defensa, aquí en Buenos Aires, es uno de los nodos de
esta red. Otro nodo existente es el Curso Superior de Defensa
Suramericano, que se celebra en Brasil.
La Escuela de Defensa Suramericana comprenderá un conjunto de
iniciativas, en varios centros de reflexión suramericano aprobados por
el Consejo. Los avances recientes en la CDS sobre varios otros temas
revelan el gran potencial abierto a la integración. El Registro de
Gastos de Defensa es un mecanismo de transparencia que permite una
mejor comprensión de la defensa de cada uno de los países miembros de
la UNASUR. Se realizan el curso de defensa para funcionarios civiles,
el seminario sobre ciencia y tecnología, el seminario sobre la
protección de los recursos naturales, el seminario sobre la
integración de las mujeres en el ámbito de la defensa (y me complació
mucho oír hoy los esfuerzos ya hechos aquí en Argentina en ese
sector), entre otras acciones, promueven la comprensión mutua,
facilitan el diálogo y fomentan la formación de una visión común.
Desde el punto de vista de la cooperación tecnológica e industrial,
hago hincapié en la colaboración que hemos dado al proyecto del Avión
de Entrenamiento Básico Suramericano (UNASUR-I) – una iniciativa
argentina que Brasil ha apoyado con entusiasmo y que esperamos pueda
contar con la participación de muchos de nuestros países, en una
manera u otra . Estamos desarrollando también el Sistema Sudamericano
de Monitoreo y Vigilancia de Áreas Especiales, que combina las
capacidades en las áreas como meteorología, protección del
medioambiente, protección de reservas indígenas, defensa de las zonas
fronterizas y de minerales estratégicos. Son ejemplos concretos de
cooperación entre nuestros países, sin que sea necesario, como en el
pasado, recorrer a otras potencias o colocarnos bajo el manto de
organizaciones donde prevalezcan intereses ajenos. Además de los
proyectos que son específicos de la UNASUR, también hemos aumentado
nuestra cooperación bilateral. Una vez más, Brasil y Argentina dan
ejemplos valiosos.
Venimos cooperando en el proyecto del avión carguero KC -390. Nuestras
Armadas realizan el ejercicio naval Fraterno. Realizan otros también
en el ámbito del Exercito y de la Fuerza Aérea.
Recibimos la indispensable y generosa cooperación argentina en
nuestras actividades antárticas. Hemos mantenido un diálogo
estratégico al más alto nivel, incluyendo los ministros, viceministros
y los Estados Mayores conjuntos. Es muy importante que nuestros
ministerios, que son relativamente jóvenes (el de Brasil ciertamente
lo é), comprendan como cada un resolvió cuestiones de
interoperabilidad y comandos conjuntos para ciertas operaciones.
Estamos delante de amenazas nuevas, impulsadas por tremendo progreso
tecnológico, direccionado a fines incompatibles con un mundo más
pacífico y democrático.
De acuerdo con recientes revelaciones, América del Sur aparece como
una región sujeta a operaciones de espionaje masivo. Tenemos que
reflexionar sobre cómo cooperar para hacer frente a estas nuevas
formas de ataque e intrusión a nuestra soberanía. Contamos con un
nuevo mandato de los Presidentes: la Declaración de Paramaribo
establece que, junto con el COSIPLAN, los países de los CDS deben
profundizar "sus proyectos respectivos en materia de defensa
cibernética y la interconexión de sus redes de fibra óptica en
nuestros países con el fin de hacer más seguras nuestras
telecomunicaciones, promover el desarrollo de la tecnología regional y
la inclusión digital". Debemos hacer esfuerzos para promover proyectos
conjuntos en la defensa cibernética.
Pero es necesario que también nos preguntemos acerca de las causas de
ese gran interés en esos datos de nuestra realidad. El tema de las
interceptaciones digitales apunta a un tema de vital importancia: la
cuestión de la protección de los recursos naturales. En una región con
un inmenso patrimonio natural como es América del Sur, la defensa
contra ese tipo de monitoreo es una parte indispensable del ejercicio
de la soberanía nacional y de la gestión económica. El CDS debe
profundizar el debate sobre el tema de la protección de los recursos
naturales.
La competencia por estos recursos puede llegar a afectar a los países
de América del Sur, tanto en forma de incursiones directas cuanto como
los efectos colaterales de los conflictos entre terceros. Expertos de
diferentes fuentes han destacado el enorme aumento de la demanda de
alimentos, agua y energía en las próximas dos décadas y, al mismo
tiempo, el potencial de conflicto.
Dice Michael Klare, un experto en el área, " la economía mundial hoy
en día no puede crecer y prosperar sin una oferta creciente de
numerosos recursos crítico, pero la adquisición de esos materiales
representa una amenaza creciente para la seguridad y la estabilidad de
la sociedad humana y (...) una vez que el acceso a una amplia gama de
recursos naturales es esencial para la preservación de la vitalidad
económica, todas las naciones tienen un fuerte interés en la lucha por
el control de las fuentes de suministro que quedan". Si recordamos los
debates de las últimas décadas, por lo menos tres tipos de crisis ya
son visibles en los noticieros: una crisis alimentaria, una crisis
ambiental y una crisis energética. De hecho, América del Sur es una
potencia en estas tres áreas.
Representa el 12 % de la superficie terrestre, en la que tiene el 25%
del total de la tierra donde se cultivan los alimentos; el 25% del
agua dulce del mundo; el 40% de la biodiversidad del planeta; reservas
de más de 120 millones de barriles de petróleo; y enormes reservas de
recursos minerales. El Consejo de Defensa Suramericano tiene la tarea
de evaluar las amenazas a la soberanía de los países de la región a la
luz de la valoración de estos activos a nivel global. Eso incluye las
amenazas que provienen del uso distorsivo de las nuevas tecnologías
digitales.
Se debe recordar que existe una relación entre hechos aparentemente
distantes, como la competencia por los recursos y el creciente
monitoreo de datos. La coordinación entre nuestros países es
importante para aumentar la eficacia de las medidas de disuasión y
también para profundizar la confianza que ya existe entre los países
de América del Sur Entre nosotros, la cooperación es la mejor
disuasión. Para que podamos defendernos de las amenazas externas,
tenemos que estar bien equipados. Y debemos, de una vez por todas,
eliminar la idea de que esto representa una carrera
armamentista en la región.
Por eso, es vital la continua creación de confianza.
Es importante dejar claro que esos equipos y los entrenamientos
correspondientes son esenciales para la protección de nuestros
recursos. El CDS, aunque no se constituya como alianza de defensa, a
ejemplo de la OTAN, es el principal foro a través del cual nuestros
países podrán articular una doctrina común de "cooperación
disuasoria". Es necesario fortalecer al CDS, no sólo con instituciones
como la Escuela de Defensa Suramericana, sino que también por medio de
mecanismos que permitan un contacto más constante entre nuestras
Fuerzas Armadas y entre nuestros establecimientos de defensa,
sobretudo entre nuestros oficiales de Estado mayor. En este sentido,
creo que es hora de pensar en la creación de una Comisión de Asesoría
Militar que funcione permanentemente junto a la Secretaria General de
la UNASUR.
Dicha Comisión, subordinada a los ministros y a las autoridades
civiles, serviría como foro de análisis, intercambio de ideas y de
nuestra visión conjunta. Corresponde a los sudamericanos cuidar de la
defensa de América del Sur. La defensa no es delegable.

***

Quisiera terminar con una breve reflexión sobre la relación entre
defensa y democracia. Nuestros países han experimentado un largo y
doloroso proceso de transición política. Hoy día vivimos democracias
plenas. En ellas, la autoridad civil sobre las Fuerzas Armadas es
axiomática y no puede ser cuestionada
en ningún caso.
Asimismo, es esencial valorar el papel de los militares como
profesionales abnegados que dedican sus vidas a la defensa de nuestras
Patrias y otras tareas vitales para el bienestar de nuestro pueblo.
Hablé aquí de varias dicotomías que caracterizan el mundo de hoy.
Termino con una reflexión sobre una dialéctica positiva entre defensa
robusta y fortaleza democrática. Reforzar esa dialéctica, en mi
opinión, es una de las principales misiones de los Ministerios de
Defensa de nuestros países. Muchas gracias.



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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría